top of page

EL DESPERTAR DE LA GRAN SACERDOTISA

  • Foto del escritor: Clau L.
    Clau L.
  • 6 mar 2023
  • 3 Min. de lectura


SACERDOTISA O DIOSA


Tal vez no sepas aun que estás llamada a ser una Gran Sacerdotisa; pero si estás leyendo este relato, es porque tu eres una iniciada a Gran Sacerdotisa. Estas líneas te ayudarán a reconocerte y revelar la Gran sacerdotisa que eres.

Has llegado a la madurez como mujer. Eres sabia, consejera, Madre dadora de vida, Sanadora, Maga y quizás Esposa fértil y amante fiel.

Tu solo ves en el espejo una guerrera que ha pasado por mil batallas y derrotas.

Ves tus cabellos encanecidos, un poco de sobrepeso, el legado de la revolución hormonal que te define como mujer. Un rostro desencajado por las penas, unas cuantas arrugas en la piel. Apenas sabes reconocer el brillo sobre tu cabeza por las victorias y tus millones de logros. Te autocompadeces y sufres por la juventud perdida.

¡Basta!

Hoy vas a tomar toda esa autocompasión y la vas a quemar, porque no te sirve. No solo es inútil, sino que tapa, como un velo de oscuridad, nuestro verdadero Yo. Tienes que descubrir la corona dorada sobre tu cabeza. Aquella que has ganado por años de aprendizaje. Ahora debes dejar que el brillo de la corona sobre tu cabeza se irradie sobre todo tu cuerpo y descubra tu poder. Ahí está La Gran Sacerdotisa.

Quizás estés pasando las 4 décadas, lo cual seria un despertar temprano; quizás estés entrando a las 5, 6, 7, 8. No importa. Mientras más años tengas, más experiencia y más sabiduría. Has llegado a este tiempo de tu vida donde posees la ofrenda e impartes piedad. Tienes el favor de tu Dios, El te protege y provee de las herramientas para tu sacerdocio con las que curarás, guiarás y también sentenciarás con justicia y piedad.


Pero una Gran Sacerdotisa debe saber admitir que no llegó hasta el altar sola. Tu "Yo autocompasivo" tratará de engañarte para robarte sabiduría y te hará lamentarte de que has caminado sola en la vida, sin una mano que te ayude. No es así. Tu Dios no solo te protegió y te otorgó poder. Tu Dios te envió aliados masculinos. Algunas sacerdotisas han sido instruidas por sus padres, ese Sargón El Grande que te abrió todo un mundo de conocimientos. Otras han vivido en el santuario del matrimonio, con un esposo príncipe de Iluminación. Otras han tenido la fortuna de tener Mentores desde la juventud: profesores, jefes, amigos.


Cada uno e esos hombres fue un Guía enviado para revelar tu poder. Quizás ellos no lo saben, no tienen consciencia de esa misión en tu vida. El Nivel de Consciencia no es el mismo en todos. Tampoco significa que están a tu lado en el transcurso de toda tu vida, a lo mejor tuvieron un breve paso a tu lado, pero valioso y fundamental. Puede ser que tu no hayas percibido ese aporte masculino en el momento preciso. Por eso ahora vas a mirar a atrás y reconocerás y agradecerás a ese hombre que fue pieza importante de la construcción de la Gran Mujer que eres hoy. Y si algún hombre te hizo daño, Tu, Oh Gran Sacerdotisa, imitarás el gesto de la diosa Inanna cuando perdonó a Sukaletuda, quien después de retorcerse en su ira por el infame ultraje, fue capaz de regalarle la inmortalidad. No hay ningún mortal que pueda destruir nuestro poder.


Ahora párate, infúndete de tus doradas vestimentas, luce con orgullo tu corona, mira tu ofrenda y levanta tu mano en signo de piedad. Que todos los que se acerquen a ti sientan tu energía femenina y se beneficien de ella, para cuando terminen su paso por tu camino digan de ti: Gloria a ti, Oh Gran Sacerdotisa, con tu nombre tan resplandeciente como el brillo del sol.


No dudes jamás de ti.






Comments


© Tres Gotas Tertulia Familiar . Creado con Wix.com

bottom of page