Debo renunciar
- Clau L.
- 17 dic 2025
- 3 Min. de lectura
Un adulto huérfano es un niño que nunca sintió afecto de parte de sus padres a pesar de tenerlos vivos. Ahora se usa el término "Padres ausentes presentes".
Los padres ausentes presentes son los que a pesar de vivir con los hijos, a pesar de que trabajen para darles sustento y bienestar económico son padres que no están de una manera real en la vida de sus hijos.
Son los padres que nunca le preguntan a sus hijos cómo están, que tal descansaron, cómo les fue en la escuela. Son padres que a pesar de llevar a sus hijos al mejor médico cuando se sienten mal, son incapaces de preocuparse por su verdadero dolor.
Los hijos huérfanos tuvieron padres que nunca se detuvieron a darles un abrazo.
No hablamos de esos abrazos de compromiso que le puedes dar a un compañero de trabajo por su cumpleaños.
Los padres ausentes presentes están llenos de limitaciones que los incapacita para demostrar afecto a sus propios hijos. Les dan el desayuno, les pagan clases de deportes o música, los llevan al colegio, algunas veces los mandan a a universidad. Creen que esa es su misión como padres. Pero realmente están más preocupados en sus actividades sociales de adultos, de encajar bien en su circulo, de tener una fiesta el fin de semana con sus amigos, o simplemente substraerse en su mundo personal.
Hay padres mucho más ausentes que dañan mucho a sus hijos emocionalmente. No solo su distancia emocional hace daño, algunos padres crean limitaciones en sus hijos con frases como : "Nunca serás nada", "Eres puro gasto", "No tengo tiempo", "Eres igual a tu padre / madre" (en tono despectivo), "No me dirijas la palabra", "Pareces mi enemigo", etc.
Los padres ausentes presentes dañan a sus hijos y a veces son conscientes de ello. Lo hacen con la intención de lastimarlos.
Al romper estos lazos afectivos los hijos se vuelven Huérfanos que al crecer serán adultos huérfanos que mantendrán la herida abierta durante mucho tiempo, algo que muchos padres ausentes presentes les decretan con una frase fulminante: "Nunca serás feliz".
Felices los hijos con padres auténticos que supieron que criar a los hijos es un asunto de afecto y amor más que de economía.
Los padres que abandonan a sus hijos al 100% lo hacen porque dicen que no serían capaces de criarlos; quizás eso es más autentico que aceptar un rol fuera de sus propias capacidades. Las personas que se casan y tienen un hijos por un cumplimiento social más que por un verdadero compromiso de amor y lealtad, son los que se convertirán en padres ausentes.
Los adultos huérfanos, aunque no lo noten, siempre vivirán buscando a sus padres en otros adultos: en sus profesores, en sus jefes, en los políticos, en la pareja y hasta en los propios hijos; y si no logran sentir el afecto paternal/maternal en todas las otras personas, entonces volverán a experimentar el vacío y confusión que dejan las ausencias paternales pudiendo crear cuadros de ansiedad y depresión; una eterna tristeza sin cura.
La única cura posible es renunciar a ese estado de autocompasión. Buscar el amor dentro de uno mismo. La autosanación.
El adulto huérfano debe hacer un manual de las cosas a las que debe renunciar desde su niñez. Es un manual personal, pero aquí va una idea.
Yo debo renunciar a compadecer al niño abandonado.
Renuncio a sentir pena por ese niño al que nadie le dijo "Te quiero hijo", porque Yo lo amo. Recibe mi amor.
Renuncio a sentir necesidad por los juguetes que nunca le compraron. Renuncio a complacer al adulto huérfano comprando cosas innecesarias. Yo soy feliz con lo que tengo, no necesito más.
Renuncio a sentir el mismo dolor que sintió ese niño cuando sus padres lo hirieron con ofensas graves. Ese niño era un ser vulnerable, pero Yo soy un adulto fortalecido. Yo sano esas heridas. Yo curo.
Renuncio a hacer el mismo daño a otros seres indefensos, sean niños, ancianos o animales. Renuncio a descargar mis vacíos de la infancia llenándolos con venganza en seres que no son culpables por los actos de mis padres ausentes. Yo cuido los sentimientos ajenos.
Renuncio a odiar. No odiaré a mis padres, porque aunque ellos hayan sido incapaces de amarme, yo puedo amar y perdonar. Yo perdono.
Renunciar es liberador. Nos desvincula de personas y sentimientos que nos siguen haciendo daño.
Escuchemos música relajante. Miremos los atardeceres hermosos. Disfrutemos de los ricos aromas de la vida. Ayudemos a nuestra propia alma en el proceso sanador. La magia la hacemos nosotros mismos.




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