Tengo que empezar agradeciendo a los avances de la tecnología. Gracias a las redes sociales tengo comunicación con mis hermanas migrantes. La tecnología tiene sus ventajas. Los grupos familiares son lo mejor. Ahora nuestras tertulias son por chat y si bien no podemos departir los mismos potajes, podemos ver las fotos de lo que estamos comiendo mientras conversamos.
Una de nuestras conversaciones favoritas es “Recomendaciones para ver en Netflix”. Mi hermana Paola nos recomendó “Chocolate” una serie coreana romántica. Mi otra hermana y yo la vimos y nos quedamos conectadas con la serie y a la banda sonora, la cual bajé para escucharla mientras manejo en mi ruta diaria de la casa al trabajo y retorno. Al principio me hacia llorar por su melodía llena de nostalgia. Hoy me hace sentir alegre. Es el efecto de las ondas musicales que hacer vibrar el cerebro y activan recuerdos a veces tristes, a veces alegres.

Hay muchas bandas sonoras o “soundtracks” que han marcado mi vida. Podría hablar de la obra maestra del Señor de los Anillos, pero quizás en otra oportunidad.
Hoy quiero hablar de uno más importante para mí, el Soundtrack de “Shall we dance”. No había visto la película y la primera vez que escuché la banda sonora fue en el carro de mi otra hermana: Anita.
Me acababan de despedir de la textil en la que había trabajado por largos años y decidí viajar con mi hija a Estados Unidos a ver a mis hermanas que por fortuna ambas estaban en New Jersey en ese tiempo. Cuando salimos del aeropuerto fue emocionante verlas ahí esperándonos. Era la primera vez que era yo la recibida, después de tantos años con mi padre esperando idas y venidas en el aeropuerto ♥
El olor a café con canela es un recuerdo fuerte en mi memoria. Todo huele a café y canela en Estados Unidos, especialmente la cocina de mi hermana Anita. Pero lo que selló mis recuerdos de aromas y el verdor de los bosques fue la música. Ahora, cada que escucho o veo Shall we dance lo relaciono inmediatamente con esos paseos en carro por las rutas de New Jersey.

Mis hermanas estaban emprendiendo un negocio de cocina junto con nuestro tío Cesar. Yo llegué casi justo para la inauguración. En medio de la vorágine por terminar de instalar el local, mi hermana Anita nos subía en su carro y nos llevaba a pasear a los grandes almacenes de Union y Elizabeth, donde estaba el negocio. Su auto sedán se volvía enorme. Mis dos hermanas, mis dos sobrinas, mi hija y yo escuchando la banda sonora de Shall we dance. Melodías que van de estrujarme el alma a exaltarme de felicidad. Es como si ahora mismo estuviera oliendo el café mientras escucho The L train. Y luego, al compás de Under the bridges of Paris me veo con la cara fuera de la ventana, sintiendo el viento y el olor a flores. Cuando menos nos habíamos percatado mi hermana, Anita, nos estaba haciendo un recorrido turístico, haciendo un alto a los preparativos para la inauguración del local. Fuimos a muchos lugares incluyendo el barrio chino e italiano en New York, pero nada como los paseos en su carro. Antes de subir al carro llenaba el cooler de bebidas heladas, galletas y cheetos para el camino; había superado a mi padre en hospitalidad. Ella es así. Y no solo con nosotras que somos familia; es así con todos. Su amigo Adiel, el pastor, tenia el mejor concepto de ella y me lo dijo en secreto: “Ella es tan buena que puede sacarse la camisa para dártela”. Y así es. En ese momento la camisa era su tiempo y su carro.
Para ella su carro fue un regalo de Dios. Un día oró en grande, porque así se debe orar y Dios respondió.
Una vez en Chile me dijo algo así:
“Para qué vas a tener carro si no es para ponerlo al servicio de los demás”.
Para ella está claro que lo que le da Dios no es solo para ella, si no un instrumento de servicio al prójimo. Algo que muchas veces no es bien recompensado. Pero ella lo sabe, los guerreros a veces reciben el botín al final.
Termino esta entrada con el fondo de Santa María del Buen Aire y es como por arte de magia estar a su lado en su nuevo auto, en su nueva ciudad paseando en verano. No sé por qué no había descargado esta banda sonora antes si me hace tan feliz escucharla.
Mientras escribo estas líneas la he descargado en mi usb para escucharla en mi carro y sentir las buenas energías que me transmite.
Dejen que la música impregne sus mejores momentos de la vida, como me pasa a mi con Shall we dance
Les dejo con el tema principal "Shall we dance" de Gotan Proyect para que se llenen de su alegría.
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